Declaraciones sobre violencia sexual contra mujeres y niñas.
Directora Ejecutiva de UNICEF Carol Bellamy:
Baja | Alta Anchura de banda
Directora Ejecutiva Adjunta de UNICEF
Rima Salah:
Baja | Alta Anchura de banda
¿Qué hemos logrado en favor de la mujer desde que se celebró aquella histórica conferencia hace 10 años? No mucho.
Me apena comprobar que las posiciones de poder siguen eludiendo a las mujeres, incluso aquí, en las Naciones Unidas. Estoy contenta de que mi sucesora en UNICEF sea una mujer, pero estoy consternada de que UNICEF sea hoy en día una de las pocas organizaciones de las Naciones Unidas dirigida por una mujer. En la actualidad hay, por supuesto, muchas oportunidades que nos permitirían paliar esta situación, comenzando por las vacantes para dirigir el PNUD y el Banco Mundial.
Después del 10 años como directora de UNICEF, me gustaría compartir con ustedes algunas ideas sobre la importancia de la mujer en todas las actividades relacionadas con el desarrollo y unos cuantos ejemplos donde se les ha dejado terriblemente de lado.
Las mujeres son fundamentales para la misión de UNICEF, debido a que su bienestar influye directamente en las familias y los niños. Si las mujeres no son fuertes, las familias tampoco lo son. Si las familias no son fuertes, los niños se encuentran en peligro. Sufren hoy y tienen muy pocas razones para considerar el futuro con esperanza.
La importancia de la mujer en las vidas de la niñez es tanta que probablemente no ha habido un solo día durante mis 10 años como directora de UNICEF en que no haya tenido que hablar de alguna manera sobre las mujeres y las niñas: sobre sus derechos, las múltiples formas en que se abusa de estos derechos, y los efectos duraderos que esto representa para sus vidas y para las vidas de sus hijos.
Por esta razón, varias veces me han calificado de feminista radical. He sido acusada de elegir a las niñas y a las mujeres para que reciban un tratamiento preferencial.
Pero aclaremos quién está escogiendo a las mujeres y las niñas, y para qué.
Desde 1990, un 90% de las muertes relacionadas con los conflictos eran de civiles, y un 80% de estos muertos eran mujeres y niños. Todos los civiles atrapados en un conflicto deben luchar contra la enfermedad, contra una mala alimentación y la falta de refugio y atención de la salud. Pero las todas pruebas indican que los conflictos armados afectan de manera diferente a los hombres y a las mujeres. Los hombres y los niños se ven obligados a luchar y a matar. A los niños se les obliga a que se conviertan en soldados, y a ser testigos de actos despreciables de violencia, e incluso a cometerlos. El mundo ha abordado el alarmante fenómeno de los niños soldados y ha asumido el objetivo de sacarlos de las filas de los grupos en lucha y devolverlos a la sociedad civil.
¿Pero qué ocurre con las niñas y las mujeres atrapadas por el horror de la lucha?
Durante las dos últimas décadas se ha producido un increíble aumento en la utilización de la violación y la violencia sexual como una táctica deliberada de guerra: una manera de desmoralizar y humillar al enemigo y desestabilizar comunidades enteras. En las situaciones de conflictos armados, las niñas y las mujeres son víctimas sistemáticas de las violaciones, la trata, la utilización en la prostitución, la esclavitud sexual al servicio de los grupos armados, la mutilación y los embarazos forzados. Y apenas hemos comenzado a hablar aún de todo ello.
Es decente y adecuado --y no es radical-exigir que se ponga fin a la violación sistemática de niñas de sólo cinco años y de mujeres de incluso 85 años. Es adecuado insistir que los gobiernos exijan la responsabilidad de sus soldados cuando se encuentran en misiones para el mantenimiento de la paz de las Naciones Unidas. Y ofrecer apoyo, como trata de hacer UNICEF, a los programas que proporcionen asistencia a las niñas y las mujeres violadas durante los conflictos. No se trata de actos "radicales", sino de actos humanitarios básicos.
Cuando se lanzan despreciativamente etiquetas como "feminismo radical", el resultado final es que la gente se muestra reacia a hablar contra la discriminación por temor a que la acusan de promover intereses especiales. ¿Pero de quien podemos hablar sino es en favor de los marginados, los discriminados y los grupos víctimas de abusos que carecen de una voz para expresar sus propias opiniones?
En mis viajes a lo largo de estos años por zonas sacudidas por conflictos como la República Democrática del Congo, Europa del Este, y Darfur, por mencionar sólo unos cuantos, escuché una y otra vez a las niñas y a las mujeres que me hablaban de miedo que tenían de decir a los miembros de sus familias y sus comunidades que habían sufrido una violación. Pero el estigma de la violación va más allá del ámbito del poblado.
Se expande a los más altos niveles del poder, donde choca desafortunadamente con algo mucho más dañino: la apatía. En todos los conflictos del mundo, a las autoridades gubernamentales simplemente no les preocupa que las mujeres y los niños sean víctimas de violaciones y que los culpables no reciban ningún castigo.
Es el momento de que dejemos de sentir temor de hablar sobre las realidades de lo que significa ser una mujer o una niña atrapadas hoy día en un conflicto armado. Puede que los culpables de estos crímenes horribles contra las mujeres sean hombres, pero también hay hombres, y mujeres, que se encuentran en una posición de impedir y castigar estos crímenes. No deben tener miedo de hablar y de defender los derechos de las mujeres y los niños.
En los 10 años que llevo en UNICEF, he tratado de concentrarme en temas que no solamente afecten a los niños de hoy, sino que tengan implicaciones a largo plazo para esta generación y la siguiente. La violación de las niñas en los conflictos armados es precisamente este tipo de tema, un trauma hoy y una tragedia que ensombrece el mañana.