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El Irak nunca ha sido un sitio más difícil y peligroso para ser niño que ahora. Un mortífero conflicto entre diversos sectores de la población impide que la sociedad disponga de los elementos fundamentales para que los niños y niñas disfruten de existencias seguras y felices, como la escuela, la atención de la salud, el juego y ámbitos familiares estables. La falta de seguridad mina los servicios sociales y priva al país de profesionales capacitados, como doctores y docentes, además de provocar los enfrentamientos de comunidades normalmente pacíficas. Un número cada vez mayor de iraquíes abandona sus hogares en busca de seguridad en otras partes del país o en el exterior. Esa oleada de violencia y desplazamientos de la población ha dado lugar a una situación de emergencia humanitaria de gran envergadura, en la que la salud, los derechos y hasta las vidas de los niños y las niñas corren grave peligro.